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Demostraciones del Transgeneracional (3): Herencia y transmisión de emociones en el vientre materno

Barriga de mujer embarazada.

Herencia emocional uterina

«Cuando nace el bebé, la experiencia emocional materna conforma la mitad de la personalidad del individuo». Son palabras de Sue Gerhardt, psicoterapeuta y autora, entre otros, del conocido libro El amor maternal.

Barriga de mujer embarazada.

Gerhardt ha centrado sus estudios en desarrollo cerebral del bebé desde que nace hasta los dos o tres años, e incluso durante el período prenatal. Y ha descubierto no solo la importancia de los afectos para su salud mental, sino también la influencia en sus emociones de lo vivido por la madre durante el embarazo.

Sabemos que el tacto y el contacto desempeñan un papel fundamental en los diferentes circuitos bioquímicos que se empiezan a producir, y además, ya en la gestación el feto aprende de alguna manera a relacionarse con el mundo. Fascinante, ¿no?

La cuestión es que mientras crece en el útero, se mueve con su mamá y comparte con ella su propia experiencia: si se siente nerviosa, feliz, asustada, ilusionada, triste… No sabe lo que le pasa, pero sí cómo lo vive, y registra esa información en su sistema nervioso. Por tanto, no es de extrañar que se manifieste luego, a lo largo de su vida, a través de determinados comportamientos o incluso en su biología.

Te invito a que veas este interesante programa de RTVE, donde la psicobióloga Vivette Glover, del Imperial College London, se refiere a la relación entre las emociones de la mujer gestante y el desarrollo de su hijo o hija. Explica, entre otros temas, la incidencia de la ansiedad en las embarazadas sobre el bebé y concluye que puede heredarse en forma de problemas de atención o de hiperactividad.

Y yo añado… que puede heredarse y despertarse de nuevo esa información cuando ese bebé es una mujer adulta e intenta de nuevo vivir una gestación, porque un embarazo despierta memorias de embarazo.

Según sus investigaciones, tiene que ver con el nivel de cortisol en el líquido amniótico.

El vídeo dura casi media hora… ¡que se te pasará volando!

Nunca desestimes como fue tu propia gestación y tu propio nacimiento, fue realmente el inicio de tu vida y puede ser la causa de lo que te está pasando años después.

A veces no encontramos la respuesta porque no la buscamos donde está…

Más sobre herencia y transmisión emocional en el vientre materno

Al igual que otros científicos, el profesor Jonathan Seckl investiga los efectos transgeneracionales del estrés postraumático. En su caso, eligió como objeto de estudio a doscientas mujeres que vivieron el derrumbamiento de las Torres Gemelas; a ellas y a sus hijos, todavía en el útero aquel fatídico 11 de septiembre de 2001. ¿Podrían haber heredado esos pequeños el trauma de sus madres?

Imagen del 11-S.
Imagen tomada del diario digital crhoy.com (de Costa Rica).

Para averiguarlo, el doctor Seckl experimentó con ratas preñadas, a fin de comprobar si exponerlas a hormonas del estrés afectaba a sus crías. Y en efecto, encontró que la siguiente generación mostraba un cuadro típico de ansiedad.

Animado por el descubrimiento, observó la respuesta en generaciones posteriores, y de nuevo advirtió comportamientos anormales.

A la vista de los resultados, Seckl concluyó que los eventos estresantes activaban un interruptor en los genes que luego se transmitía a la descendencia. Por tanto, muy probablemente el impacto de los atentados tendría consecuencias no solo en las embarazadas que fueron testigos o víctimas, sino también en sus bebés e incluso en los aún no nacidos.

¿Una hipótesis aventurada? No si se demuestra. Había que dar un paso más y analizar lo que ocurría en las personas seleccionadas para la investigación. Con la colaboración de su colega la doctora Yehuda, Jonathan Seckl se puso manos a la obra. Ambos sabían que el organismo reacciona produciendo cortisol en situaciones de estrés, pues es la hormona que ayuda a controlarlo. Por consiguiente, si dadas esas circunstancias el nivel de cortisol es bajo, resulta difícil combatir el estrés y ahí se origina el trastorno postraumático.

Así pues, al examinar a las mujeres midieron el índice de cortisol en la saliva, y tal como sospechaban, advirtieron que era anormalmente bajo. Lo mismo les pasaba a sus hijos, aunque con una particularidad añadida: en ellos, la cantidad de cortisol variaba dependiendo de lo avanzado del embarazo aquel 11-S. No les afectó tanto a los que todavía eran embriones, pero sí a los que se hallaban en el último tramo de la gestación.

La hipótesis quedaba probada: la memoria de un suceso estresante puede heredarse. Parece increíble cómo se comporta la naturaleza humana; sin embargo, siempre hay una explicación creíble, y allí adonde no llega la genética, llega la epigenética.

Como en la naturaleza, todo está sujeto a leyes, por eso las leyes de la salud y las leyes de la fertilidad funcionan, porque son un conocimiento probado, experimentado y demostrado, y aun así, siempre seguiremos descubriendo más.

Y esto demuestra una vez más que todo lo que conocemos, es definitivo… hasta que conocemos algo nuevo.

Ya sabes… ningún diagnóstico es definitivo.

Los traumas también se heredan

Rachel Yehuda, reconocida psiquiatra especialista en neurociencia, creció en un barrio de Cleveland (EE. UU.) junto a descendientes del Holocausto nazi. Tal vez esa experiencia de su infancia contribuyó a despertar en ella el interés por dimensionar la tragedia. Y ya adulta, la abordó desde el punto de vista científico, estudiando los efectos del estrés de una generación a otra(s). Tras analizar un número significativo de víctimas directas o herederas de la barbarie, comprobó que la biología puede manifestar traumas de los antepasados.

¿A que parece increíble? La propia doctora debió de sorprenderse al constatar hechos como el siguiente:

Una prisionera en Auschwitz logró sortear el hambre gracias a la respuesta de su organismo, que no fue otra que la de un mecanismo de adaptación: al rebajar la actividad enzimática y mantener así más cortisol libre en el cuerpo, aumentaron el índice de glucosa y los combustibles metabólicos, lo cual le permitió enfrentar la inanición prolongada, con el correspondiente impacto emocional asociado.

Mujeres en un campo de concentración.
Mujeres en un campo de concentración.

Fascinante, ¿no? Pues más aún que esa información la transmitiese a su descendencia, en forma de anormales niveles de cortisol. Pero lo que para aquella mujer había significado una solución, para sus hijos, nietos, bisnietos… –que no necesitan combatir la desnutrición– se convirtió en un problema.

Hay vivencias de tan hondo calado que incluso a la genética le cuesta olvidarlas.

Y lo hace con un sentido, un sentido de evolución y supervivencia…

Cuéntame más sobre los audios subliminales específicos para fertilidad

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