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Ovodonación: Sí, es hijo tuyo, e irremediablemente se parecerá a ti

ovodonacion

Hoy quiero hablarte de uno de los temas más tabú que me he encontrado a lo largo de los más de 6 años que llevo trabajando temas de fertilidad: la ovodonación.

Si la fertilidad es un tabú, este es el tabú dentro del tabú.

Podría contar por cientos las mujeres que han pasado por mis consultorías, formaciones o charlas que me cuentan que, tras haber estado intentando quedarse embarazadas de forma natural y no conseguirlo, optan por acudir a un profesional que les ayude a lograrlo y se encuentran con la respuesta «Yo que tú me iba directamente a ovodonación».

El shock que esta respuesta produce es directamente proporcional al sentimiento de impotencia, frustración y decepción («por no poder tener un hijo de mi propia sangre», frase que he escuchado también en infinidad de ocasiones) que se apodera de todas ellas. 

Por eso, y tras muchas peticiones por parte de mujeres para hablar sobre este asunto, he decidido escribir este post-resumen del directo que hace un tiempo realicé en Instagram para hablar sobre el tema y aportar algunas claves que ayuden a normalizar esta situación, y sobre todo que tú puedas vivirlo de forma diferentes después de leer y ver esto.

Te recomiendo que veas el vídeo, pero aquí te dejo un resumen de lo que conté en estos cerca de 45 minutos de conversación con las mujeres que asistieron al directo.

 

 

Más sensibilidad a (todos) los profesionales a la hora de hablar de la donación de óvulos

Vaya por delante que lo que voy a decir a continuación no es una crítica (y si lo es, vaya para mí la primera), si no una invitación a la reflexión a todos los profesionales que nos dedicamos a la fertilidad.

He oído en infinidad de ocasiones como muchas mujeres tras ver que no pueden quedarse embarazadas de forma natural, comienzan a plantearse algún tipo de ayuda para poder lograrlo.

Y siempre se repite el mismo patrón: la ovodonación es siempre la última opción a contemplar. Y en muchos casos ni una opción a contemplar.

Por eso, cuando esta mujer llega a una consulta y el profesional le suelta directamente (sin ninguna mala intención, por supuesto) eso de «ya tienes una edad y deberías ir directamente a ovodonación porque tus óvulos ya no valen» o «aunque eres joven tus óvulos no lo son y deberías irte directamente a una donación de óvulos»... el mundo se les cae encima. 

Esa respuesta tan fría (incluso a veces casi sin mirarnos a la cara) que no esperas, y que no quieres ni oír, te deja totalmente en shock.

Por eso desde aquí me gustaría lanzar esa invitación, a todos los profesionales en general que nos dedicamos a la fertilidad, a ser más sensibles con este tema y con las personas a las que se lo comunicamos, teniendo en cuenta qué es lo que sienten cuando escuchan esta posibilidad, y explicarles bien qué es y en qué consiste más allá de la donación de una célula.

Bastante miedo, frustración y otros mil y un sentimientos son los que he encontrado que tiene esa mujer y su pareja ya, como para abordar el tema de ese modo tan frío y aséptico.

Tratemos el tema con más cariño, y sobre todo a las mujeres que tenemos delante, que después en casa están rumiando mentalmente sin descanso esa idea futura que no aceptan.

 

Pide tú ese cariño a los profesionales

Ya que esa sensibilidad a la que apelaba hace unas líneas no la vamos a encontrar en muchos casos (no se trata de generalizar tampoco), tengamos esa herramienta nosotras para poder hablarlo directamente con la persona que nos atienda y plantearle todas las inquietudes y sentimientos.

Antes de empezar con pruebas de fertilidad, hazte a la idea de que puede ser una de las opciones que te pueden plantear y, llegado el caso de que así te lo recomienden, háblalo con él o ella claramente, pregúntale todas las dudas que tengas al respecto y que te las resuelva con todo detalle, además de transmitirle tu rechazo y todo lo que sientes al respecto, ya que esto puede ser producto del desconocimiento, como me he dado cuenta en los últimos años.

El cariño se puede dar, y recibir, pero también se puede pedir.

A veces, no nos damos cuenta de la vulnerabilidad de la persona que tenemos enfrente. En ese momento se trata de una persona única, con una situación concreta y las certezas no existen. Tampoco verdades absolutas, ni diagnósticos definitivos. 

LO QUE SIEMPRE EXISTE ES LA FORMA EN LA QUE CADA UNO LO VIVE, EL SENTIDO QUE LE DAMOS.

La vida, la medicina, la historia… está llena de cosas inexplicables y resultados milagrosos. Son resultados pequeños, sí, pero por qué no va a ser nuestro caso. Y poniéndonos en la piel del profesional… por qué no va a ser el de la persona que tenemos delante.

Pero más importante aún, por qué no pensar que unas pocas palabras puede suponer un impacto tal que hasta modifique el resultado.

 

Hablemos de ovodonación sin tapujos y sin miedo

Uno de los grandes dramas que me encuentro en las mujeres con las que hablo de esta temática es el secretismo y el miedo a hablar de ello: “no queremos que nadie lo sepa”, «de esto no se habla», me dicen. 

Y recalco lo de «esto». Es tal el tabú hablar de ello que algunas no son capaces ni de pronunciar el nombre, directamente lo califican como «esto».

¿Por qué tanta vergüenza en decir que los óvulos, por la circunstancia que sea, están fallando?

Con otras alteraciones físicas no tenemos problema de comentar y no vamos por ahí ocultándolo. No vemos a la gente ocultando que su riñón o su corazón, por ejemplo, no funcionan bien. Lo dicen abiertamente y no les cuenta hablar de la necesidad de un trasplante, por ejemplo.

¿Por qué con nuestros óvulos sí lo hacemos?

Tengo algunas respuestas para eso.

La principal: Hemos unido nuestro aparato reproductor y nuestra capacidad de concebir con nuestro VALOR y VALÍA.

Por eso, en mi opinión y mi experiencia en el cambio que se da en las mujeres y parejas con las que tratamos esta idea de esta forma, hay que normalizar y hablar de ello, explicando esta asociación y viendo que no es real.

También podemos trabajar el origen o la causa de por qué ha sucedido que tus óvulos han dejado de servir, porque no solo es la edad y lo físico, pero más allá de ese origen, por qué tener vergüenza de hablar sobre esta opción que tenemos gracias a la evolución de la ciencia, la medicina y del ser humano para donar un óvulo y que otra persona pueda ser madre.

Si lo vivimos desde este último punto de vista es precioso. La vida nos está dando una alternativa más y podemos vivirla así, con amor y como una gran suerte.

Hablemos de que hay mujeres que donan sus óvulos para que otras mujeres puedan ser madres. Es una acto de amor para quien lo da y quien lo recibe.

Así que hablemos de esto con amor y conectemos con ese amor de dar y recibir para la creación más grande, la del propio ser humano.

 

Sí, ese hijo «donado» es tuyo. 

Una vez que hemos superado la idea de contemplar la posibilidad de la ovodonación, empieza la siguiente fase de nuestro pensamiento (a veces es una fase simultánea): «no es de mi sangre», “no se si voy a tener ese vínculo o a quererle igual” o, la que más oigo, «no se va a parecer a mí»

Esta es una opción de vivir el proceso, pero me gustaría, si es tu caso, que reflexionaras sobre qué te hace pensar así. Conecta con lo que hay detrás de esas ideas.

Piensa en que vas a recibir un óvulo, lo van a fecundar… pero lo vas a gestar tú durante 9 meses.

Y lo más importante:  NO ES LA GENÉTICA, ES LA EPIGENÉTICA LO QUE TE HARÁ SENTIR QUE ES HIJO TUYO.

¿Realmente crees que no es hijo tuyo?

Solo nos diferencia un 0,1% genéticamente a ti a mí… y a todos los seres, así que imagínate, en un 99,9% todos somos genéticamente iguales. Nos diferencia lo que se llama epigenética, lo que hará que unos genes, rasgos, comportamientos, etc se manifiesten o no. Y eso estará determinado por el entorno, lo que se vive, incluido en el vientre materno, y muchas otras informaciones que lo detonarán.

Además, en tu útero suceden millones de fusiones de sangre. células, ADN, nutrientes, etc… ¿Sabes la cantidad de intercambios que harás con tu bebé durante esos 9 meses? ¿Y después?

¿Realmente crees que no se parecerá a ti y no lo sentirás como tuyo?

Yo me atrevo a decirte en SÍ.

El problema en cuanto al parecido físico, déjame decirte que se trata de algo que tenemos en nuestro inconsciente y nos lleva a pensar que si no se parece será rechazado.

Antiguamente la manera de reivindicar la paternidad de un hombre era buscando su parecido con el bebé, sobre todo en los primogénitos. Y como la biología y el inconsciente son tan sabios respondiendo a la información que tiene  guardada porque creen que sigue siendo la buena, traemos ese pensamiento a nuestros días para velar por la seguridad y supervivencia de nuestro bebé. 

Una parte de nuestro inconsciente está todavía en esa arcaico y nos hace pensar que si no se parece a nosotras será rechazado. Por nuestra familia, entorno y por nosotras mismas. Pero no caigamos en eso y seamos conscientes de que se le puede dar un sentido totalmente diferente, actualizado.

Hay que tener en cuenta también que a los donantes y a las donantes también se les selecciona para que ese hijo se pueda parecer a sus padres. Se seleccionan donantes con rasgos parecidos a los nuestros. 

Pero aún más importante es lo que condiciona lo que va a manifestarse en ese futuro ser. Que como ya te he comentado, es la epigenética.

Así que desde ya, cambiemos esa frase de que «no es hijo mío» y «no es de mi sangre» y hablemos de que «es hijo mío porque yo lo gesto, yo lo voy a parir, yo lo voy a criar, etc.»

En resumen…

Está claro que lo ideal sería tener un hijo de forma natural y sencilla, pero a veces la vida nos pone otros retos y así es como debemos vivirlo. En lugar de estar todo el día lamentándose «quiero que sea natural y mío», usemos las herramientas que se nos ofrecen y vivámoslo con calma, naturalidad y alegría.

Porque, en definitiva, lograr tener ese deseado hijo, siempre debería ser un motivo de felicidad, en cualquiera de sus formas.

 

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