Cómo y por qué influyen nuestros pensamientos y emociones en nuestra biología

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¿Cuántas veces te has levantado contenta y al rato una mala noticia te ha provocado dolor de estómago, de cabeza, taquicardia o tensión muscular?

O, ¿cuántas veces al pensar que vas a comer tu comida favorita, no solo se te levanta el apetito, sino que te has puesto a salivar?

Existen innumerables estudios científicos que demuestran la relación directa que existe entre nuestros pensamientos y emociones y el efecto que generan en nuestro cuerpo. 

Estudios como el de “los mensajes ocultos del agua” de Masaru Emoto (de los que hablo en mi libro Las Leyes de la Fertilidad) dan prueba fehaciente de ello y, en este post, te invito a conocerlos y descubrir por ti misma cómo tus emociones afectan directamente a tu biología.

 

El binomio emociones-biología

Sería difícil, a día de hoy, encontrar alguien en nuestra sociedad que no haya sentido el impacto físico de sus pensamientos, ya sea a nivel consciente o inconsciente.

Ellos son nuestros eternos compañeros. 

Charlas incesantes con nosotros mismos que nunca se detienen y que en muchas ocasiones nos conducen hasta el agotamiento mental. 

También es por todos conocida la conexión directa entre nuestro pensamiento, nuestro estado emocional y físico. Algo que, unido a la dificultad para desconectar del trabajo y las obligaciones diarias, nos han llevado a sufrir lo que ya está considerado como la epidemia del siglo XXI, el estrés.  

El estrés es un amplificador, más que un generador, de algunos de los problemas de salud que sufrimos diariamente. Lo tenemos tan asumido que hemos llegado a normalizar en nuestro día a día el insomnio, bruxismo, cervicales tensionadas, irritabilidad, etc.

Las situaciones estresantes de manera prolongada pueden llevarnos a problemas de salud algo más graves: un sistema inmune debilitado, bloqueos mentales que modifiquen nuestro comportamiento, inapetencia sexual, problemas en la reproducción, problemas de alimentación, modificaciones en el sistema hormonal, entre otros. 

En definitiva, falta de salud general y falta de vida. 

 

Los científicos lo han demostrado.

Para conseguir vencer este mal universal, cada día son más los investigadores que ahondan en esta necesidad comunitaria. Saber hasta qué punto los pensamientos y las emociones, todo eso invisible que sentimos, influye en nuestra salud, ya sea para generar enfermedades como para sanarlas. 

La realidad es que esta duda lleva años sobrevolando la conciencia de la sociedad, no es algo nuevo o un planteamiento reciente. 

Hace siglos que la medicina conoció el efecto de la somatización y las primeras referencias que se tienen sobre ella las dejaron escritas los egipcios, por el año 1900 a.c, en su Papiro Lahum (relacionado directamente con la obstetricia y la ginecología). 

Este trastorno nos muestra cómo el estado mental y emocional puede llegar a manifestarse mediante problemas físicos, indicándonos de esta manera que algo no está bien y que deberíamos poner el foco en descubrir la verdadera causa que nos está bloqueando y/o enfermando. 

Poco a poco la comunidad científica va dejando atrás la idea de que solo somos un cuerpo y, cada vez son más los profesionales de la salud que trabajan con visiones más integradoras, visiones más completas que valoran para sus diagnósticos el estado, tanto de nuestro cuerpo como de nuestra mente

Teniendo en cuenta que el flujo de nuestros pensamientos es constante (en torno a 60.000 diarios), y que cada uno de ellos provoca una emoción, por sútil e inconsciente que sea, una visión más holística sobre la enfermedad haría posible llegar en profundidad a la raíz de muchos problemas que, en apariencia, podrían no tener solución, sobretodo después de haber comprobado el impacto directo que estos tienen sobre nuestro cuerpo. 

 

Masaru Emoto y “Los mensajes ocultos del agua.”

De entre todos los profesionales que han contribuido a la evidencia científica que relaciona los pensamientos y las emociones con nuestro estado de salud, se encuentra el Doctor en medicina alternativa (aunque a mí siempre me gusta llamarlo complementaria) Masaru Emoto (Yokohama 1943 Tokio 2014).

Este profesor asombró al mundo entero cuando mostró un estudio sobre el impacto que las palabras, los pensamientos y la música tienen sobre el agua, llegando a afirmar que: “la salud se recobra con la armonía”. 

Con su investigación demostró, mediante una serie de fotografías, cómo palabras repletas de gratitud, amor y compresión generaban bellos y armónicos cristales de hielo, estructuras moleculares de gran belleza y armonía, mientras que insultos, palabras de discordia o imperativos daban lugar a cristales fragmentados y deformes.

Dicho así, puede sonar algo difícil de creer e incluso generar rechazo, pero si pensamos por un segundo que Emoto basó su estudio en que el ser humano está compuesto por un 70%  de agua, la cosa cambia bastante. 

Para explicarlo con más claridad he tomado prestadas las palabras del propio doctor: 

“El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas, influyen sobre el agua y esta cambia a mejor absolutamente. Si el agua lo hace, nosotros que somos 70-80% agua deberíamos comportarnos igual. Si tenemos una comprensión más clara del agua, entenderemos mejor el cuerpo humano e incluso desvelaremos el misterio del porque nacimos y existimos como lo hacemos.”

Agua y vida son sinónimos. 

Y usando el mismo elemento que el Dr. Emoto y con el fin de comprender un poco más la importancia de esta aportación científica, la pregunta sobre la que me gustaría reflexionar por un segundo es: ¿qué le ocurre al agua cuando algo impide su flujo natural?

Exacto, se bloquea, se estanca o acaba por desbordarse buscando una escapatoria, porque su naturaleza es fluir, aportar salud y vida.

(Puedes ver más sobre el estudio del doctor Emoto en este vídeo.)  
 


 
Se puede hacer mención a cuantiosos experimentos y estudios realizados para intentar comprender el poder de nuestra mente, pero si hay uno que demuestra la importancia de nuestro pensamiento y nuestras emociones sobre la realidad que creamos es, sin duda,“El experimento de la doble ranura o rendija.”

 

Thomas Young y “La doble ranura.”

Fue realizado por el médico, matemático y científico británico Thomas Young en el año 1801, pero son muchos los investigadores que en la actualidad continúan estudiando, ahora con medios más avanzados, los resultados que obtuvo Young, manteniendo la confirmación de lo que este matemático británico descubrió: “La observación afecta la realidad”.

Y la observación procede del que observa, y no hay observador sin pensamiento ni emoción, por sutil e inconsciente que sea.

El experimento original de la doble ranura realizado por Young desveló que la materia se comporta como una onda o como una partícula. Y el hecho de observar o no el experimento hace que la materia se comporte como una u otra, es decir, como onda o como partícula. 

La mera observación hizo que la materia se comportara de distinta manera, en función de lo que el científico esperaba que ocurriese. Lo grandioso de este descubrimiento es que en un momento nos convirtió a todos en creadores de nuestra propia realidad y no solo en observadores.

(Y en este vídeo puedes verlo de manera mucho más gráfica) 
 


 
Como acabas de ver en el vídeo, queda demostrado que nuestros pensamientos y emociones influyen de manera directa en cómo percibimos y creamos nuestra realidad y cómo esta se manifiestan en nosotros, y por eso le prestamos especial atención en el curso Las Leyes de la Fertilidad.

 

Conviértete en creadora de tu propia realidad

Nos merecemos una vida más consciente, un fluir de horas más sano, donde tenga espacio la observación de nuestros pensamientos y nuestras emociones, ya sean buenas o malas, (porque así las juzgamos aunque no sean de esa manera), para poder gestionarlas de la forma más saludable posible. 

Debemos aprender a identificar los pensamientos que nos roban salud, evitar enraizarnos en ellos con bucles agotadores que nos dirigen hacia ningún sitio y que acaban proyectándose en el plano físico, pasando por un tsunami de emociones que nos devastan. 

Nos merecemos respirar tranquilidad mental para “sentir sano” y sanar, y con ellos convertirnos en observadores de nuestros pensamientos. Algo que nos convertirá en los creadores de nuestra realidad porque, como dijo Samuel Butler, escritor, compositor y filólogo inglés, nada es bueno o malo, sino que el pensamiento lo hace así y nada existe mientras el pensamiento no lo crea. 

 

Cuéntame más sobre los audios subliminales específicos para fertilidad

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